sábado, 8 de diciembre de 2012

TORO!!!



Recomiendo la visita a un matadero para empezar a hablar de toros. 
Es la muerte de lo que fue un animal pero que ya no es tal, sino un monstruo zootécnico creado por el hombre, inviable en libertad y que sólo el aspecto le queda de lo que fue en su origen. 
Llega a la parte trasera del matadero en un camión, donde el  penetrante e insoslayable olor a sangre todo lo inunda. Huele la muerte desde lejos y se puede percibir su intranquilidad en la dificultosa maniobra de bajada. Ya en el corral, puede haber instaladas unas duchas de agua pulverizada que tratarán en vano de calmarle, mientras se le va dirigiendo encajonado, guardando turno, hacia la entrada.
Cuando le toca, mediante el disparo de un balín en el cerebro o con una descarga eléctrica, cae a plomo en el suelo donde es rápida y hábilmente traspasado por un gancho del calcañar trasero e izado hasta el techo donde empezará su descuartizamiento.
Tras el cuchillazo del matarife en el cuello y la caída en tromba de su sangre al suelo, le quitan los cuernos a mazazos previo a su apertura "en canal" con sierra radial. Una vez abierto, entre el vaho que desprenden sus entrañas, se puede ver que el corazón todavía late.
Pero hay que matarlo, porque hay que comerlo. Somos así, comemos carne, nos alimentamos de otros seres vivos.
La lidia del toro bravo, no es la fiesta gracias al sufrimiento de un animal, que a nadie gusta. Es la ancestral lucha del hombre contra la bestia.
Para matar un toro "a mano", con la espada, no hay más remedio que herirlo y cansarlo previamente para poder acercarse a menos de un metro y conseguir alcanzar el corazón por la cruceta de las clavículas, si no el animal sufrirá y morirá desangrado o de mala manera. A esa distancia y a pesar de lo herido y cansado, el toro bravo, natural, tal cual era, con su instinto asesino que le caracteriza, sigue siendo uno de los animales más peligrosos de la tierra. Cuando el torero entra en la faena de muleta está solo en la arena, cerca de sus compañeros que siguen atentos trás el burladero, pero solo. Aterrorizado, supera la parálisis generada por la adrenalina con valor y consigue iniciar un baile ritual ayudado de un trapo rojo, con el que llevará al animal hacia la muerte final, el volapié, la maniobra más difícil y arriesgada de todas, tendrá que empujar la espada entre los cuernos, en medio de su última embestida, hasta el corazón.. Muchas veces quien muere es el torero porque al toro se le da la posibilidad de defenderse y frecuentemente se le indulta. 
Creo que para un toro no hay manera más noble de morir.